El fenómeno de los incendios forestales se ha convertido en uno de los mayores problemas ecológicos que sufren nuestros montes debido a la elevada frecuencia e intensidad que ha adquirido en las últimas décadas.

La intensidad y recurrencia de los incendios forestales está teniendo efectos dramáticos sobre nuestro suelo, con efectos irreversibles en algunos casos.

El fuego reiterado provoca una merma en la capacidad de la vegetación para recolonizar el terreno o tapizar el suelo. Las elevadas pendientes aumentan además la erosión generando suelos cada vez menos productivos. Avenidas, inundaciones, colmatación de embalses y desertificación son consecuencia del paso repetido del fuego por nuestros ecosistemas.

¿Qué perdemos?

La cubierta vegetal modera el clima, nuestros bosques absorben agua de lluvia y la liberan poco a poco, evitando las inundaciones e incrementando las disponibilidades hídricas de los meses secos, cuando más falta hace. Impiden la erosión del suelo y regulan el clima.

Los bosques, si son gestionados de forma sostenible, ofrecen una fuente constante y renovable de recursos e ingresos. Nos proporcionan muchos servicios esenciales. Son fuente de alimentos, fibra, combustible, medicinas, materiales de construcción, así como de valores culturales y estéticos.

Los incendios de origen natural han conformado el paisaje que hoy conocemos. El fuego es pues un elemento más de la naturaleza.

Sin embargo, lo que resulta inédito es la extensión y violencia que caracteriza el fuego desde hace cuatro décadas.

A la luz de las actuales cifras de incendios hay que reconocer que algo se ha ido de las manos.

En España, la situación en la década de los 90 ilustra la profundidad y gravedad del problema: entre 1990 y 1999 se produjeron 181.051 incendios forestales (unos 18.000 al año) en los que 652.492 hectáreas de superficie arbolada fueron destruidas por los incendios forestales y a ellas hay que añadir 946.916 de superficie forestal no arbolada.

En lo que llevamos de siglo XXI la tendencia se mantiene y así, en 2004, y según datos del Ministerio de Medio Ambiente, los conatos de incendio (incendios de menos de 1 hectárea) fueron 14.109 y como incendios mayores se contabilizaron 7.267. Ardieron 56.147 hectáreas de superficie arbolada y 72.856 de superficie forestal no arbolada (matorral, monte bajo y herbácea). A la vista de estos datos es necesario recordar que el 95% de estos incendios son originados por la actividad del ser humano.

Este año, Galicia ha vivido 12 días de trágicos incendios. 1.970 incendios han llenado de llamas los montes gallegos desde el 3 de agosto en la mayor orgía de fuego que se recuerda concentrada en tan pocas jornadas.

Sin olvidar los efectos ambientales que han provocado y provocarán los incendios, hay que recordar que los fuegos han acabado con la vida de cuatro personas y ha causado heridas muy graves a otra.

No se debe pensar que esto ha sido una tragedia aislada.

Galicia encabeza año tras año las cifras de incendios en España (en torno al 50 por ciento del total) y cíclicamente se producen grandes episodios de incendios. En 1989 ardieron 205.392 hectáreas en Galicia y también hubo centenares de incendios en pocos días en 1995 ó 2000. Sí sería destacable este año que muchos de los incendios fueron provocados muy cerca de pueblos y ciudades, con lo que la alarma social ha sido mucho mayor. Según la Xunta de Galicia, las pérdidas económicas provocadas por los incendios ascienden a 100 millones de euros.

A la hora de analizar los daños derivados de un incendio se deberán tener en cuenta no sólo los daños materiales o sobre la propiedad sino también los tremendos daños ecológicos que ocasionan.

Sin duda alguna, no hay plena conciencia de la relevancia que tienen las pérdidas ecológicas que se producen tras los incendios.

Tras las llamas la destrucción de la vegetación y la fauna, los impactos sobre los balances hidrológicos, la calidad del agua y la atmósfera, las pérdidas irreparables de tierra fértil y erosión del suelo, y los efectos sobre el paisaje deben ser evaluados.

Entre las principales consecuencias tenemos:

1. Consecuencias medioambientales:

- Flora: La recuperación de un bosque es un proceso lento que necesita algo más de un siglo para poder llevarse a cabo completamente
- El proceso de adquirir un estrato arbóreo pleno necesita de 10 a 15 años
- Para que los árboles adquieran una altura media pasarán de 30 a 40 años
- Y para que el desarrollo del bosque sea definitivo, necesitaremos de 50 a 70 años
- Destrucción de la fauna y de su hábitat natural. En general, la destrucción del ecosistema.
- Empobrecimiento y erosión de los suelos.
- Destrucción de los ciclos del agua y oxígeno.
- Pérdida de agua para el cultivo y la comunidad.
- Contaminación ambiental y destrucción de la belleza del paisaje.
- Recalentamiento de la atmósfera (cambio climático).

2. Consecuencias económicas:
- Muerte de animales domésticos e incluso de seres humanos.
- Destrucción de viviendas, maquinarias, infraestructura y equipos.
- Destrucción de cultivos agrícolas.
- Pérdida de la materia prima para la industria maderera y papel.

3. Consecuencias sociales:
- Destrucción de belleza escénica.
- Pérdida de áreas de recreación al aire libre.
- Inseguridad y riesgo para la población.
- Pérdida de la calidad de vida de la población.
- Desempleo.

4. Consecuencias culturales
- Destrucción del hábitat natural.
- Pérdida de referencias culturales.
- Emigración de la población.
- Extinción cultural.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

Documentación propia

www.greenpeace.com
www1.ceit.es
www.ardegaliza.info
www.adega.info/files/Montes/LUMES NUNCA MÁIS.doc
www.amigosdaterra.net
www.concienciasolidaria.com

Paula Muñoz – Innovatur
www.innovatur.net